Nunca antes la había visto pasar por estos caminos y me preguntaba de
donde venias aunque yo sabía en el fondo que no de este mundo.
Nuestro encuentro fue casi de novela -irónico- en la plazuela de la capital,
por el tumulto de gente y las hambrientas caras de los visitantes esperando las
comidas especiales de las exótica tiendas de la nueva feria que vino a la
Tierra, porque no todos los días vienen los más prestigiosos cocineros del
universo, de todos los mundos, de todas las especies y de todos los gustos. La
cúpula de más de doscientos metros de altura tapaba nuestras cabezas del sol exuberante
del verano y el fino cristal transparente anti-réflex nos dejaba admirar las
maravillas de la naturaleza, oh bueno, de lo que quedaba de ella.
Era Febrero, así se llamaba en sus tiempos creo, y yo acababa de salir de
vacaciones de la Universidad de Artes Universales o UAU o "¡Wau! Alguien
estudiando arte, debe de tener mucho tiempo libre", nadie entiende la
importancia de esta facultad humana. La pintura en todo ámbito de poder
desenvolverse en todas sus capacidades siempre me ha interesado a principios de
mi niñez, desde que mi padre me dejo mi primera bitácora antes que se fuera a
buscar nuevas oportunidades y una mejor vida para nosotros hasta mi ingreso a
la universidad, con el tercer puesto por puntuación de habilidad y los otros dos puestos
ocupados por los hijos del Rector. Me fui a echarle un vistazo a la nueva feria
que había venido, había rumores que se juntarían todas las especies del
universo, cosa que no pasaba mucho en estas provincias alejadas del centro de
la Tierra. Se celebraba también el aniversario del Imperio Real con más de 598
años cumplidos, con sus subidas y bajadas, con su gloria y su caos, con sus
cinco guerras, sus dos fracasos, sus dos victorias y su última que aún no
acaba. En la enorme provincia de Amira no se sentía mucho la guerra, es clásico
que los citadinos de la capital nunca sientan las tristezas y sufrimientos de
los planetas subordinados. Los neo-hippies siempre con sus carteles holográficos
frente a los lugares públicos, explicando que todo está mal, que todo debería
ser paz y que no nos caería mal fumar un poco escuchando un poco de rock
arcaico.
No creo que haya habido otra persona en ese mismo instante como tú, con la
piel canela que parecía opacar los colores más brillantes y con un peculiar
lunar en la nariz. Nuestros ojos se intercambiaron fácilmente de manera instantánea,
podía dibujarte en mi mente, tenía un boceto que lo coloreaba y lo detallaba y
que no paraba de repasar. Volteaste. Tus cabellos cortos oscuros se movían en cámara
lenta reflejando cada partícula del sol en ellas y alejándote mas te perdí, no
no no te podía llamar, no me conocías y yo si a ti, claro eras esa chica que conocí
en internet, en un juego online, siempre te pedía matrimonio y siempre decías
que un mago no se podía casar con una arquera, que las cosas no funcionan así.
Entonces yo me quede parado mientras la gente seguía en
play y ella en
skip
escuchando más el latido de mi corazón que los sonidos que pensaba, que
deseaba que sucediera en ese momento.
Las plataformas móviles del suelo se movían como laberintos y termine en la
puerta de una de las tiendillas de la feria "Maravillas de Recloit",
un nombre creativo sin duda reflejando lo fantástico de su planeta. Al costado
una librería-café bastante bohemio y tranquilo en el que no había mucha gente
dentro y no me dio más remedio que entrar por cortesía, ya que la señorita de
la puerta me miraba con una sonrisa fingida y desesperada, era un lugar
agradable con una atmosfera cálida, una chimenea clásica que reemplazaba la fría
maquina ambientadora y unos colchones afelpados con pequeñas mesitas y libreros
gigantes alrededor. La música Jazz se escuchaba con la voz reconocible de Ella Fitzgerald
y la gran trompeta de Louis Armstrong (Así me decía ella que se llamaban esos personajes fantásticos
de hace varias décadas y no te lo dudaba ya que tu eras la
Historiadora aquí), los hologramas eran perfectos, la voz
exacta, a pesar del tiempo de antigüedad me sorprendió aun escucharlos, su música
es casi un oasis en este desierto y me quedé fascinado. Pedí un café y un libro
de los más clásicos de lo que era Latinoamérica (creo que así se llamaba), su
autor Cortázar. Me pareció extraño escuchar un voz sorprenderse casi a mi
costado, esa voz que desenchufo mi cerebro y que me hizo girar completamente,
era ella.
¡Frik! ¿Eres tú?- Escuche su voz más atentamente, ahora la escuchaba más que
a mi latir.
O-o-oh... si- Respondí muy rápido y nervioso ¿De qué tenía miedo?
Lo demás que hablamos fueron cosas realmente sin sentido aunque cómicas,
nuestra combinación de Jazz, café y literatura nos dejó corto el tiempo y
despedimos al sol en su diaria salida y rescatamos a la Luna de la soledad. Ese
día fue en el que volví a nacer, en el que abrí de nuevo los ojos y vi los
colores como eran de verdad y no solo azules como los veía siempre.
...Oh Nuty nunca te creí cuando me decías que eras de la Luna...